En los pueblos pequeños, las historias antiguas se transmiten de generación en generación, y muchas veces lo que para unos es solo una leyenda, para otros puede convertirse en una realidad que cambie todo en cuestión de segundos. Esta historia comienza en una tarde tranquila, donde la curiosidad y la necesidad de algo tan sencillo como una conexión llevaron a una situación que nadie esperaba.
Escena 1: La advertencia que detiene el paso
El niño caminaba por la calle polvorienta del pueblo, con paso tranquilo y sin prisa, dirigiéndose hacia una construcción vieja y desgastada que todos conocían, pero que pocos se atrevían a mirar demasiado tiempo. De repente, desde la puerta de una casa cercana, una abuela salió corriendo con el rostro descompuesto, la respiración agitada y los ojos llenos de miedo.
—¡¡Niñooo!! ¡Para ahí! —gritó con todas sus fuerzas, como si quisiera evitar que ocurriera algo terrible.
El niño se detuvo en seco, confundido por esa reacción tan repentina y fuerte. Se giró hacia ella y preguntó con naturalidad:
—¿Qué pasa, abuela? ¿Se cayó el internet?
La mujer se acercó rápidamente, lo tomó de los hombros con ambas manos y lo miró fijamente, intentando hacerle entender la gravedad del asunto:
—¡No entres ahí ni loco! ¡Esa casa está maldita! Durante años nadie ha entrado, y los pocos que se atrevieron nunca volvieron a ser los mismos. Allí hay fuerzas que no entendemos y que no debemos molestar.
Escena 2: La noticia que aumenta el peligro
En cuanto terminó de hablar, el niño señaló con el dedo hacia la entrada de la vieja vivienda, donde la puerta permanecía entreabierta, como si alguien acabara de cruzarla. Su respuesta dejó helada a la anciana.
—¡Pero si mi papá entró hace media hora! —le dijo con tranquilidad.
La abuela abrió los ojos como platos, sin poder creer lo que escuchaba. Su voz salió entrecortada por la sorpresa y el miedo:
—¿Tu papá? ¿Y a qué entró ahí? ¿No sabe lo que dicen de ese lugar?
El niño encogió los hombros, sin darle importancia todavía:
—Dijo que iba a buscar señal para ver el partido de esta tarde… y ya ha pasado mucho tiempo y todavía no sale.
En ese instante, un escalofrío recorrió todo el cuerpo de la mujer. Sus manos empezaron a temblar y su mirada se perdió en la oscuridad que se vislumbraba tras la puerta.
—Olvídate del partido… —susurró con urgencia—. ¡Tenemos que irnos ya! Cuanto antes estemos lejos de aquí, mejor.
Escena 3: La sombra que vigila
Pero antes de que pudieran dar un solo paso para alejarse, el niño reaccionó de golpe y señaló hacia arriba con el dedo, con la voz cargada de alarma:
—¡Mire! ¡Ahí arriba!
Ambos levantaron la vista de inmediato. La mirada se dirigió hacia la ventana del piso superior, medio cubierta por tablas viejas y enredaderas secas. Allí, en medio de la penumbra, se distinguía claramente una silueta oscura, inmóvil y misteriosa, que parecía observarlos fijamente desde la oscuridad. No se movía, no hacía ruido, pero su sola presencia hacía que el aire se sintiera más pesado y frío.
¿Era su padre? ¿O se trataba de algo mucho más aterrador que cualquier leyenda? La búsqueda de una simple señal había terminado por despertar algo que debía haber permanecido oculto para siempre…
¿Quieres que siga escribiendo la continuación de esta historia o prefieres que mantenga este formato para que sea el inicio de una nueva parte?