La vieja prisión permanecía envuelta en un silencio inquietante.
Los largos pasillos de piedra apenas eran iluminados por luces amarillentas que parpadeaban de vez en cuando, mientras el sonido de las puertas metálicas resonaba en todo el edificio.
Un guardia avanzaba con paso firme revisando cada celda.
Su destino era una en particular.
Detuvo su marcha frente a una puerta de acero donde permanecía encerrado un hombre de cabello largo, barba descuidada y mirada sorprendentemente tranquila.
Durante varios segundos ninguno de los dos habló.
Finalmente, el guardia rompió el silencio.
—Hoy termina todo.
El prisionero levantó lentamente la cabeza.
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
—No… apenas empieza.
La respuesta hizo que el guardia frunciera el ceño.
Se acercó rápidamente a los barrotes.
—¿Qué acabas de decir?
Antes de que pudiera obtener una respuesta, un fuerte sonido invadió toda la prisión.
Las luces normales se apagaron y fueron reemplazadas por una intensa iluminación roja de emergencia.
Las sirenas comenzaron a sonar en cada pabellón.
Los internos levantaron la vista desde sus celdas mientras los guardias corrían por los pasillos intentando averiguar qué ocurría.
El oficial retrocedió instintivamente.
Miró a su alrededor buscando instrucciones por la radio.
Al volver la vista hacia la celda, encontró al prisionero observándolo con una expresión inquietantemente serena.
Su sonrisa no reflejaba miedo.
Parecía la de alguien que sabía algo que los demás aún desconocían.
El guardia sintió un escalofrío.
¿Qué había provocado la alarma?
¿Se trataba de una falla del sistema, un operativo de seguridad o una emergencia completamente distinta?
Nadie tenía respuestas.
Lo único cierto era que, desde ese instante, nada volvería a ser igual dentro de aquella prisión.
Reflexión final
Las prisiones cuentan con protocolos estrictos para responder a cualquier alarma o emergencia. Ante una situación inesperada, el personal debe seguir los procedimientos establecidos para proteger la seguridad de internos, trabajadores y visitantes. Mantener la calma y actuar conforme a los protocolos es fundamental en cualquier incidente dentro de un centro penitenciario.